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#FICX53 - No solo cine: tras la huella de Jovellanos


En el Festival Internacional de cine de Gijón no cuenta solo el cine; Se tiene especial cuidado en que las personas que participan en él, sean actores, actrices, directores, dibujantes o productores, se sientan como en casa. Es un Festival que está creciendo, pero no se olvida de mimar a sus protagonistas. Las personas cuentan y verles sonreír aún más. 

Pero también son importantes lo espacios: Siguiendo mi propio itinerario cinematográfico, he ido a ver películas a los míticos Cines Centro en el Centro Comercial San Agustín (¡mi primera vez sola en un cine!), he vuelto a mi querido Teatro Jovellanos y he descubierto un espacios magnífico y totalmente desconocido para mí: el Centro de Cultura Antiguo Instituto. 

A a continuación os muestro algunas de las fotos que hice acompañadas por algunas (mínimas) nociones geográficas e históricas. Quién sabe, igual consigo despertar en vosotros un poco de curiosidad y os pasáis vosotros mismos por allí. 

¡Vamos allá! 

#FICX53: Caradecaballo, el corto de Marc Martínez




Caradecaballo, o lo que es lo mismo, el corto más premiado del 2015, estuvo en el Festival Internacional de Gijón en la sección oficial de cortos presentado por su director, Marc Martínez. Este catalán, al que le encanta experimentar, iba para ingeniero informático, pero no se llevaba demasiado bien con la física y en casa le aconsejaron que cambiara los libros de ingeniería por los de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña: “Estábamos comiendo y mi madre me propuso hacer cine”, recuerda, “en ese momento me quedé un poco sorprendido, pero fue una buena idea”. 

Día y medio de rodaje, una abuela como co-protagonista, con cuatro líneas de texto como único guion y sin saber si la filmación de aquellas imágenes surreales iba a servir para algo empezó este experimento equino. “Mi abuela ni siquiera sabía que la estábamos grabando”, comenta divertido. A pesar del bajo presupuesto, junto a Isis Velasco, ha conseguido crear un concepto de apenas 8 minutos, original y con mucha fuerza. Asegura que hay varios géneros mezclados, “es thriller, es comedia, es ciencia ficción y también drama animal”. “La clave para crear un producto cinematográfico está en hacer un mix lógico”, añade. Quizás sea este el film del que más orgulloso se siente, “es el que más frutos a dado, y del que menos me esperaba”, comenta modestamente.
No le gusta considerarse un director, a pesar de tener ya varios títulos a sus espaldas, “esta profesión es como una escalera ascendente. Cada trabajo debería de ser un escalón más”, asegura. Su primer corto fue Thimothy. “En la ESCAR, los 10 mejores alumnos optan a la elaboración de un proyecto de fin de curso con unos 15.000 euros de financiación”. A él no le dieron esa oportunidad, pero en lugar de rendirse, decidió hacer su propio cortometraje, y así surgió Thimothy, protagonizada por un “tierno” conejo. El proyecto gustó mucho en la escuela, y al final obtuvo, aunque más reducida, una ayuda para realizarlo. En aquel primer trabajo, se limitaba a dirigir, sin embargo, en Caradecaballo es él quien se pone una máscara para protagonizar, junto a su abuela, este cortometraje de 20 €uros, “es una locura gastar mucho dinero para hacer un corto”. 

Pero como esto del cine es una escalera, el ya se está preparando para subir unos cuantos escalones “a partir de marzo empezaré a grabar mi primera película”, revela, “un film de terror tecnológico con un guión bastante polémico”. 

¡Estaremos atentos! 

#FICX53. Érase una vez un corto: Lobito bueno, bruja hermosa


Ainara Porrón y Pablo Dávila, estuvieron presentando juntos en Gijón su primer corto: Lobito bueno, bruja hermosa. Una poesía audiovisual en la que no todo es lo que parece, un relato poético de medias verdades. Ninguno de los dos se había imaginado nunca haciendo cine. Ainara sabía desde niña que, cuando fuera mayor, contaría historias, ya fuesen escritas o audiovisuales. Y aquí estuvo, presentando su primer corto como directora. Pablo, vinculado siempre al mundo del cine, ha trabajado, y trabaja, en el panorama cinematográfico pero con el producto ya acabado; esta es la primera vez que se pone al frente de la dirección de arte. 


Los dos tienen buena sintonía, hay confianza y muy buen rollo. Son amigos desde hace mucho tiempo pero es la primera vez que trabajan juntos. “El proceso de creación ha sido muy bonito. Hemos intercambiado ideas, también ha habido críticas pero siempre constructivas”, asegura Ainara. “Ha sido estupendo trabajar con un equipo tan bueno, todos aportaban algo y eso no ha hecho más que sumar”, continúa, “me siento como si hubiera pilotado un barco de ideas”, ríe. Entre risas también, confesó que es una grandísima fan de Nacho Vegas. De hecho, le hubiera gustado acompañar el corto con una de sus canciones, pero debido a una serie de imprevistos, se decantó por la adaptación que Paco Ibáñez hizo del poema de Goytisolo: “Érase una vez (lobito bueno)”. La casualidad o la magia del festival quiso que Ainara y Pablo coincidieran con Nacho Vegas en una cafetería, “no podía empezar mejor la visita a Gijón”, confesaba Ainara sonriente. 

Es una mujer llena de ideas, no sabe estarse quieta, pero en esta ocasión fue diferente. “Tenía la necesidad de contar esta historia”, comenta. Todo surgió como surgen los mejores proyectos, con amigos, entre cañas y muy deprisa. Ante una de esas cervezas, estaba Pablo que no dudó ni un momento en embarcarse con Ainara en esta nueva aventura. “Estaba buscando un proyecto en el que poder hacer algo así. Había hecho un curso con Gil Parrondo, y tenía ganas de hacer algo como director de Arte”, asegura, “Y hacerlo con ella, era como empezar jugando en casa”, ríe. A pesar de no haberse planteado nunca eso de dirigir películas, han conseguido meter en común toda la experiencia que tienen ayudando a otras personas en el mundo del cine, para crear algo nuevo y totalmente suyo. Ainara empezó con Kerejeta, y Pablo tienen su propia empresa de marketing y servicios creativos (http://pablodavila.com). Así que su unión, junto con la de otros profesionales del sector, no podía salir mal. Han hecho las cosas a su manera, como creen que deben hacerse, lo que les ha hecho respetar aún más el trabajo de directores o productores: “no es nada fácil poner a todo el mundo de acuerdo”, comentan. Han hecho especial hincapié en la calidad de la imagen (4K) y del sonido (en 5.1). Los planos son arriesgados “la insolencia del principiante”, apunta Ainara. Durante el rodaje hubo momento de crisis, "llegamos repetir una toma hasta 15 veces”. 

Creen que es un regalo y un honor haber podido participar en el Festival en la Sección Oficial de Cortometrajes, en la que aseguran que había muy buen nivel. Ya están pensando en el próximo proyecto aunque aseguran que todavía tienen mucho que aprender. Consideran el corto un producto en sí, no el anticipo de un largometraje, “creemos que lo importante es contar historias con contenido y no importa cual sea el formato”. De momento, al cine le dedican únicamente el poco tiempo que tienen libre, ya que aseguran que es solo un hobby. Una afición que esperan poder seguir cultivando. 







#FICX53: "Cretinos" con Edu Moyano





Después del corto La primera noche, Edu Moyano presenta en FICXxión Cretinos. En el marco del Festival tuvimos un encuentro breve pero lleno de contenido en el que hablamos del corto, pero también de sus inquietudes personales y proyectos futuros. Amante de Woody Allen, admira a Tarantino y recuerda entre sonrisas como su madre le inculcó el amor por el cine. 

Desde que vio por primera vez Batman en la gran pantalla, han pasado unos cuantos años, y ahora es él, quien dirige, monta planos y hace reír a los demás. La idea de filmar Cretinos surgió hace tiempo, en el 2006. Es una historia muy común, llena de golpes de humor y que hace pensar, al más puro estilo Woody. El protagonista es Néstor Ramos, un escritor de novela erótica harto del género con el que ha ganado millones de euros, y del que quiere escapar escribiendo novela “seria”. Su primer intento como escritor no erótico ha sido un fiasco. Para solucionar su poco reconocimiento ha pensado que lo mejor sería dejar imprimidas sus dos últimas obras, acompañada de una carta con las últimas voluntades y suicidarse tirándose de la azotea de la editorial para la que trabaja. De camino, se encuentra con un supermercado 24h que está siendo atracado por un joven, con su propio drama personal. El escritor, interpretado por el actor español Pedro Miguel Martínez, encuentra en este guiño del azar la oportunidad perfecta para morir como un héroe. “Tenía dudas sobre quién podría interpretar este personaje, pero en cuanto le presenté la idea y empezamos a trabajar se disiparon totalmente. Ha multiplicado el personaje por mil”, cuenta Moyano sobre la elección de Martínez. 

En el 24 horas, el escritor se convierte en rehén (voluntario), mientras se suceden las escenas desternillantes y las reflexiones más profundas: “Deja de lamentarte y por la suerte de tu parte”, es una de las frases de Néstor Ramos al joven atracador interpretado por Christian Sampedro. Ademas hay huevos, caídas, mucha policía - incluso una patrulla real se acercó para saber lo que estaba pasando-  y un giro inesperado. Edu asegura, por otro lado, que ambos son muy buenos actores, por lo que el trabajo se facilitó notablemente. “Lo más dificil fue encontrar un escenario adecuado”, recuerda. 

Entre risas, el corto habla de la frustración, de cómo el ser humano fracasa en lo que realmente le gustaría hacer y triunfa en aquello que detesta. Es un miedo común entre los mortales, y también es uno de los miedos de Moyano. “A veces la vocación no es suficiente”, asegura. En este caso la comedia no es un fin en sí mismo, sino un medio para contar algo más. “Es como la historia de Mortadelo y Filemón”, compara, “hacen reír pero al llegar a casa están solos”. Después de muchas modificaciones del guión el resultado ha sido premiado  en la categoría libre del concurso de guiones de las XVIII Jornadas de cine Villa de la Almunia. 

La vocación le llego relativamente pronto, entre los 13 y 14 años, ya sabía que quería ser directos. Recuerda cómo disfrutaba con las grandes producciones de Hollywood como Los CAzafantasmas o Indiana Jones, pero en cuanto vio Reservoir Dogs de Quentin Tarantino supo que se podían contar historias muy interesantes con poco presupuesto. Pero el flechazo lo tuvo con Hannah y sus hermanas de Woody Allen, “lo que se aprende en esa película es equiparable a un año de estudio”. Del neoyorkino destaca la capacidad de pensar con la imagen. Si llegara a conocer a Tarantino, le diría que “es un elegido. Puede hacer lo que quiera, y además tiene éxito”, asegura, “aunque tiene fama de charlatán, por lo que sería mas interesante escucharle”. 

Del Festival se esperaba solamente que la gente disfrutara y se riera con Cretinos - lo ha conseguido. Ahora, además de seguir moviendo el corto en otros festivales, ya está embarcado en nuevas aventuras cinematográficas: tiene entre manos la tercera entrega de esta trilogía y, un largometraje. Algo que asegura "será duro, y dificil pero es posible". 

AQUÍ, podéis ver el Making of. 




 

#FICX53: Leo Bechini y un pacto de amor colectivo

Charlando con Leo Bechini. 


Reputado director argentino, Leo Bechini habla con tranquilidad, utilizando palabras simples para expresar conceptos realmente complejos. Informal, sosegado y con la mirada curiosa cuenta como la calidez de la gente de Gijón y la acogida del festival por parte del público se han ganado su corazón. De Buenos Aires al Centro de Cultura Antiguo Insituto de Gijón para presentar su primer largometraje en la sección Rellumes de FICXixón: Operación Mexico. Un Pacto de amor, en adaptación cinematográfica de la novela de Rafael Bielsa Trucho. La Operación México o lo irrevocable de la Pasión.  “Una historia de amor cuya escenografía es un Thriller, momento más trágico del país”, y es que la película cuenta uno de los sucesos acaecidos más dramáticos de Argentina a través de la figura de “Trucho”, Tulio Valenzuela, uno de los dirigentes de los Montoneros (grupo revolucionario de carácter peronista contrario a la dictadura militar) en la localidad de Rosario, que fue secuestrado por los militares junto a su mujer embarazada el hijo de esta y llevados a la Quinta de Funes. A cambio de su libertad tendría que traicionar sus ideales comuneros y poner en bandeja de plata las cabezas de la cúpula de los comuneros que se iban a reunir en México. Su mujer y el niño quedarían como rehenes para garantizar el retorno de Tulio. Pero antes de irse, es su mujer quien le pide que no lo haga, que no traicione los ideales en los que ambos creen, aún sabiendo que así se condena a muerte. Una historia envolvente, "una tragedia perfecta”, como la define el propio Bechini. Si hace lo que le piden los secuestradores, perderá a su familia para siempre, ya que ella, Raquel, amenaza con dejarlo, y si no lo hace, igualmente los perderá, porque sabe que los matarán. "¿Y que mayor muestra de amor hay que dar la vida?", pregunta retóricamente. 


Una historia real, una reconstrucción colectiva, que atraviesa la verdad y se muestra crítica con ambas partes. “Es muy fácil identificarse con alguno de los personajes”, asegura el director argentino. La historia nos transporta a la Argentina de finales de los años 70, y nos cuenta uno de los episodios que tanto el gobierno, como los propios comuneros han intentado mantener oculto. No será hasta los años 90, cuando bajo el Gobierno Kisner, haya un especial interés en hacer justicia y crear una memoria histórica colectiva. Así, tanto el libro de Bielsa como el largometraje surgen en un momento que se ha visto favorecido por ese empeño gubernamental de no olvidar, lo que propició que los protagonistas salieran a la luz, “un país sin memoria, no tiene futuro”, añade tajante el cineasta, “si no nos damos la oportunidad de hacer justicia corremos el riesgo de caer en la misma trampa”. 


Asegura que fue el argumento el que lo encontró a él y no viceversa, “fueron los productores quienes me propusieron que leyera la novela, que desde el primer momento me atrapó, me hizo recordar mi primera juventud”, cuenta. En seguida se puso manos a la obra con la adaptación, que gustó mucho a Bielsa. “Me reuní con Rafael en muchas ocasiones para conocer cuál era su enfoque, quería conocer su alma”, “y lo logré”, añade. “La historia ya no es mía, ahora es tuya”, fueron las palabras que le dijo el escritor en su último encuentro. También pudo hablar con Jaime Drín, último superviviente al cautiverio en la Quinta de Funes, lo que le dio una dimensión mayor al relato. Con la bendición de Rafael, el testimonio de Drín y el buen hacer del argentino el resultado no podía haberse ajustado a la realidad. De hecho el propio Bielsa le confesó que una de las escenas de la película que el describe en su libro se la había imaginado exactamente así. 

No es nada fácil rodar una película y menos aún cuando se trata de un hecho real y de la memoria histórica de todo un pueblo. De hecho, el largometraje, ha sido financiado en parte por el Instituto Nacional de Cinematografía Argentino y, en parte, por productores privados; muchos de ellos montoneros que se sentían con la obligación histórica de hacerlo. Los escenarios son reales, pero no los auténticos, “se trata de recreaciones fidedignas”, asegura. Curiosamente a lo que pueda parecer, en una película con tantos detalles y tanta violencia, fueron las escenas con el bebé, las más difíciles de grabar. Ante los ojos de este pequeño actor (hijo de uno de sus mejores amigos), al que todavía le cuesta diferenciar entre realidad y ficción aparecía un infierno, y la crueldad del ser humano, “Intentábamos grabar en una sola toma para evitarle lo más posible el sufrimiento”, explica. Un infierno que vivió el verdadero Kinki, entregado a sus abuelos maternos, cuando mataron a su madre. Una suerte diferente corrieron los otros dos, los mellizos que se encontraban en el vientre de Raquel: uno, supuestamente murió poco después del parto, y la otra desapareció, siendo recuperada en el 2008 gracias a las Abuelas de la Plaza de Mayor como la nieta número 96.  Aunque es la primera vez que Bechini realiza un largometraje, ya es un veterano en eso de contar historias reales, sus preferidas, en series de televisión, “requieren un mayor compromiso, y un mayor cuidado ya que estás hablando de personas, estás mostrando sus almas y eso merece un mayor rigor”, comenta. 


Es imposible no hacer una analogía entre este periodo en Argentina y lo acaecido en España durante el Franquismo. Personas, muchas, desaparecieron de sus casas sin dar indicaciones. Muchas acababan, en el caso español, en fosas comunes, pero sobre eso aún no se puede hablar. Argentina está intentando redimir su historia, haciendo justicia y, aunque duela, reabriendo heridas, que no van a poder cerrarse hasta que no se haga justicia o aparezca el último nieto. En el caso español, Bechini asegura que “España tiene una duda pendiente con los españoles, que merecen justicia y la reconstrucción de la historia. Los muertos merecen descansar en paz y la única manera es hacer justicia”.

TRAILER:

#FICX53: Psiconautas: los niños olvidados

Psiconautas, un café en Toma3 con los niños olvidados. 


En el marco de Festival Internacional de Cine de Gijón, además de ruedas de prensa o entrevistas, se organizan cafés con los diferentes profesionales que acuden a presentar su trabajo. Sí, sí cafés…la cita se desarrolla en Toma 3, un local muy coqueto en el que se combina la lectura con el buen café. A esta binomio casi perfecto, se une el cine durante el festival. 
Así atraída por esta idea de Café con… acudí al encuentro para escuchar a Alberto Vázquez y Pedro Rivero, creadores de la película de animación Psiconautas: los niños olvidados. Había concertado una cita para una entrevista un poco más tarde pero quería verles en acción antes de mi cita particular. El ambiente no podía ser mejor, los internados en cine se agolpaban en las primeras mesas, los periodistas andaban de acá para allá para sacar los mejores planos, mientras que los habituales del local, tomaban tranquilamente café en los sofás del fondo. 
Para empezar el encuentro una breve presentación en la que se habló no solamente del largometraje que se estrenaría esa misma noche, sino de la trayectoria de ambos, y es que Alberto había ideado estos personajes mucho antes de pensar en hacer una película. Dibujante por pasión y vocación, ha siempre diseñado aquello que tenía dentro: “Uno no elige si hacer animación para niños o para adultos, simplemente crea”, reconoce el gallego. De hecho, fue Rivero quien se puso en contacto con él, al conocer su última obra gráfica: Psiconautas. “Era una especie de fábula, con personajes de apariencia amable, que suscitan mucha empatía y a la vez refleja una realidad dramática muy sensible y aguda”, cuenta Pedro las razones que lo llevaron a escribir un email a Alberto. Por su parte, Pedro lleva más de 27 años dedicado a la animación, en este tiempo ha hecho guiones y también algún que otro cómic, siendo su obra más reconocida, La Crisis carnívora, primera película de animación totalmente hecha con Flash realizada en España con distribución en cines. 


Pero Psiconautas es su primer largometraje en común y lo definen como una “fantasía negra realista”. Y no podían haber sido más certeros. Los personajes son animales antropomórficos, como en las fábulas, pero las temáticas que se tocan son más profundas y apocalípticas. En el largo, el mundo es un vertedero en el que proliferan la rabia, la envidia o la violencia más atroz y hay quien quiere escapar de allí, sin saber que no se puede huir de uno mismo. También son temas centrales la desindustrialización, la contaminación o el consumo de estupefacientes, sobre todo la heroína. Es una obra compleja, que difícilmente deja indiferente. 
No es la primera vez que trabajan juntos, ya que, antes del largometraje, realizaron un corto “Birdboy”, ganador de un Goya en el 2012. Reconocen que el premio les dio el empujón que necesitaban para seguir adelante, y les ha dado algunas facilidades a la hora de conseguir un presupuesto mayor. 
El proceso creativo aseguran que fue algo natural, sin roces. La buena sintonía entre los dos se ve fuera del estudio y se percibe durante la proyección de la película. Se ha mantenido la estética del cómic, al menos desde fuera, “el cómic es en blanco y negro, mucho más poético; mientras que la película, ya a color, intenta ser de denuncia social”, comenta Alberto las diferencias entre las homónimas obras. En ningún momento tuvieron que adaptar la obra para conseguir financiación, sabían lo que querían y desde el primer momento se lo dejaron muy claro a los productores. "Hacer una película no es igual que hacer un corto”, aseguran. En el primer caso hay mucha más competencia y los procesos son mucho más largos, mientras que para cortos hay más posibilidades de participar en festivales y el proyecto lleva mucho menos tiempo, puesto que se trata de un producto con una difusión mucho menor se da la opción de ser mucho más creativos, o incluso transgresores. 


Embarcados ya en nuevos proyectos, siguen disfrutando sobre la estela de Psiconautas, una obra que, sin duda, les hará cosechar mucho éxitos. Por el momento ya tienen en su haber un premio Lurra, otorgado en el Festival de cine de San Sebastían por Greenpeace. Lo que les depare el futuro está por ver, pero les seguiremos muy de cerca. 


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Durante el fin de os iré contando a través de las entrevistas que he realizado en FICXixón, mi experiencia en el Festival. ¡Espero que os resulto interesante!