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#FICX53 - No solo cine: tras la huella de Jovellanos


En el Festival Internacional de cine de Gijón no cuenta solo el cine; Se tiene especial cuidado en que las personas que participan en él, sean actores, actrices, directores, dibujantes o productores, se sientan como en casa. Es un Festival que está creciendo, pero no se olvida de mimar a sus protagonistas. Las personas cuentan y verles sonreír aún más. 

Pero también son importantes lo espacios: Siguiendo mi propio itinerario cinematográfico, he ido a ver películas a los míticos Cines Centro en el Centro Comercial San Agustín (¡mi primera vez sola en un cine!), he vuelto a mi querido Teatro Jovellanos y he descubierto un espacios magnífico y totalmente desconocido para mí: el Centro de Cultura Antiguo Instituto. 

A a continuación os muestro algunas de las fotos que hice acompañadas por algunas (mínimas) nociones geográficas e históricas. Quién sabe, igual consigo despertar en vosotros un poco de curiosidad y os pasáis vosotros mismos por allí. 

¡Vamos allá! 

#FICX53: Uno + Uno, una gran historia en 3 minutos y medio



Uno + Uno, es una de esas historias que emociona pero a la vez de fuerza para afrontar el día a día. Eva Moreno y Juan Vellido son los directores de este documental de apenas 3 minutos y medio en el que se condensa la vida de los deportistas José Luis García y Fran Nieva, “buenos comunicadores, atletas excepcionales y grandes personas”, así los definen Eva y Juan en nuestro encuentro durante el Festival de Cine de Gijón. García, o “Jota” se quedó ciego hace tres años, pero la pérdida de visión no le ha impedido seguir entrenando para conseguir sus sueños deportivos. Junto a Fran, su guía, amigo y compañero, han conseguido ser subcampeones de España de Triatlon y medalla de bronce mundial de Duatlon, “Separados son únicos pero juntos son invencibles".

La historia de lucha, altruismo y superación de estos dos deportistas, llegó a la vida de Eva totalmente por casualidad: “Estaba en mitad de un rodaje, parando el tráfico en una carretera de montaña. Y los paré a ellos”, recuerda, “Vi que iban en un tándem, lo que me llamó mucho la atención. Intercambiamos algunas frases;  me contaron que “J” estaba ciego…Me pareció muy curioso e interesante. A los pocos días me puse a buscar información sobre ellos”, cuenta, “ahí había una historia”. Después de ponerse en contacto con una chica que les había hecho una entrevista, pudo ponerse en contacto con ellos: “Les encantó la idea y enseguida empezaron a proponer ideas para el documental”, sonríe. 

No es la primera vez que Juanca y Eva trabajan juntos, pero sí es la primera vez que lo hacen en un documental. Antes ya habían trabajado en “Hay dos clases de personas”, un corto protagonizado por Manuela Vellés y Miguel Ángel Muñoz. "Las historias reales son más difíciles de controlar”, asegura Juanca. “El resultado ha superado las expectativas que teníamos”, aseguran. “Nos hemos encontrado con dos personas que no solo tienen una historia que contar, sino que además, tienen una grandísima sensibilidad emocional”, añade Juanca. Se narran muchísimas emociones en un tiempo realmente breve, 3’ 30”, “Fue una elección ya que queríamos presentarlo en el Festival Jameson no todo film y uno de los requisitos es ese”, aclaran. “El proceso de montaje fue realmente complicado. Teníamos material para otra película”, aseguran.  “No queríamos contar solo la historia de lucha y superación de “J” tras perder la vista, también destacar el altruismo de Fran”, comentan. 

El ritmo del corto está marcado por los entrenamientos para las diferentes disciplinas del Triathlon: ciclismo, carrera y natación. La mayor parte de las escenasestán grabadas den exterior, lo que hizo que hubiera algún que otro contratiempo: “el día que íbamos a grabar los entrenamientos en tándem llovió nevó durante toda la mañana”, continúan, “queríamos planos en movimiento así que nos metimos en un coche y los seguimos muy de cerca. Fue muy arriesgado”. Aún así graban con ellos, confiesan que ha sido un auténtico lujo, “es que solo había que oirles hablar el uno del otro”. Gracias al rodaje del corto Fran y “Jota” han conseguido un patrocinador, han participado en varios programas de radio y televisión, además de obtener una página entera para ellos en algunos diarios deportivos, “estamos realmente orgullosos”, aseguran. 

Tanto Eva como Juanca suman cuando están juntos, y son algo así como la analogía de su película: se dan mutuamente la fuerza necesaria para embarcarse cada vez en nuevas aventuras cinematográficas, "sólo un ser humano puede ayudar a otro ser humano". 


#FICX53. Érase una vez un corto: Lobito bueno, bruja hermosa


Ainara Porrón y Pablo Dávila, estuvieron presentando juntos en Gijón su primer corto: Lobito bueno, bruja hermosa. Una poesía audiovisual en la que no todo es lo que parece, un relato poético de medias verdades. Ninguno de los dos se había imaginado nunca haciendo cine. Ainara sabía desde niña que, cuando fuera mayor, contaría historias, ya fuesen escritas o audiovisuales. Y aquí estuvo, presentando su primer corto como directora. Pablo, vinculado siempre al mundo del cine, ha trabajado, y trabaja, en el panorama cinematográfico pero con el producto ya acabado; esta es la primera vez que se pone al frente de la dirección de arte. 


Los dos tienen buena sintonía, hay confianza y muy buen rollo. Son amigos desde hace mucho tiempo pero es la primera vez que trabajan juntos. “El proceso de creación ha sido muy bonito. Hemos intercambiado ideas, también ha habido críticas pero siempre constructivas”, asegura Ainara. “Ha sido estupendo trabajar con un equipo tan bueno, todos aportaban algo y eso no ha hecho más que sumar”, continúa, “me siento como si hubiera pilotado un barco de ideas”, ríe. Entre risas también, confesó que es una grandísima fan de Nacho Vegas. De hecho, le hubiera gustado acompañar el corto con una de sus canciones, pero debido a una serie de imprevistos, se decantó por la adaptación que Paco Ibáñez hizo del poema de Goytisolo: “Érase una vez (lobito bueno)”. La casualidad o la magia del festival quiso que Ainara y Pablo coincidieran con Nacho Vegas en una cafetería, “no podía empezar mejor la visita a Gijón”, confesaba Ainara sonriente. 

Es una mujer llena de ideas, no sabe estarse quieta, pero en esta ocasión fue diferente. “Tenía la necesidad de contar esta historia”, comenta. Todo surgió como surgen los mejores proyectos, con amigos, entre cañas y muy deprisa. Ante una de esas cervezas, estaba Pablo que no dudó ni un momento en embarcarse con Ainara en esta nueva aventura. “Estaba buscando un proyecto en el que poder hacer algo así. Había hecho un curso con Gil Parrondo, y tenía ganas de hacer algo como director de Arte”, asegura, “Y hacerlo con ella, era como empezar jugando en casa”, ríe. A pesar de no haberse planteado nunca eso de dirigir películas, han conseguido meter en común toda la experiencia que tienen ayudando a otras personas en el mundo del cine, para crear algo nuevo y totalmente suyo. Ainara empezó con Kerejeta, y Pablo tienen su propia empresa de marketing y servicios creativos (http://pablodavila.com). Así que su unión, junto con la de otros profesionales del sector, no podía salir mal. Han hecho las cosas a su manera, como creen que deben hacerse, lo que les ha hecho respetar aún más el trabajo de directores o productores: “no es nada fácil poner a todo el mundo de acuerdo”, comentan. Han hecho especial hincapié en la calidad de la imagen (4K) y del sonido (en 5.1). Los planos son arriesgados “la insolencia del principiante”, apunta Ainara. Durante el rodaje hubo momento de crisis, "llegamos repetir una toma hasta 15 veces”. 

Creen que es un regalo y un honor haber podido participar en el Festival en la Sección Oficial de Cortometrajes, en la que aseguran que había muy buen nivel. Ya están pensando en el próximo proyecto aunque aseguran que todavía tienen mucho que aprender. Consideran el corto un producto en sí, no el anticipo de un largometraje, “creemos que lo importante es contar historias con contenido y no importa cual sea el formato”. De momento, al cine le dedican únicamente el poco tiempo que tienen libre, ya que aseguran que es solo un hobby. Una afición que esperan poder seguir cultivando. 







#FICX53: Leo Bechini y un pacto de amor colectivo

Charlando con Leo Bechini. 


Reputado director argentino, Leo Bechini habla con tranquilidad, utilizando palabras simples para expresar conceptos realmente complejos. Informal, sosegado y con la mirada curiosa cuenta como la calidez de la gente de Gijón y la acogida del festival por parte del público se han ganado su corazón. De Buenos Aires al Centro de Cultura Antiguo Insituto de Gijón para presentar su primer largometraje en la sección Rellumes de FICXixón: Operación Mexico. Un Pacto de amor, en adaptación cinematográfica de la novela de Rafael Bielsa Trucho. La Operación México o lo irrevocable de la Pasión.  “Una historia de amor cuya escenografía es un Thriller, momento más trágico del país”, y es que la película cuenta uno de los sucesos acaecidos más dramáticos de Argentina a través de la figura de “Trucho”, Tulio Valenzuela, uno de los dirigentes de los Montoneros (grupo revolucionario de carácter peronista contrario a la dictadura militar) en la localidad de Rosario, que fue secuestrado por los militares junto a su mujer embarazada el hijo de esta y llevados a la Quinta de Funes. A cambio de su libertad tendría que traicionar sus ideales comuneros y poner en bandeja de plata las cabezas de la cúpula de los comuneros que se iban a reunir en México. Su mujer y el niño quedarían como rehenes para garantizar el retorno de Tulio. Pero antes de irse, es su mujer quien le pide que no lo haga, que no traicione los ideales en los que ambos creen, aún sabiendo que así se condena a muerte. Una historia envolvente, "una tragedia perfecta”, como la define el propio Bechini. Si hace lo que le piden los secuestradores, perderá a su familia para siempre, ya que ella, Raquel, amenaza con dejarlo, y si no lo hace, igualmente los perderá, porque sabe que los matarán. "¿Y que mayor muestra de amor hay que dar la vida?", pregunta retóricamente. 


Una historia real, una reconstrucción colectiva, que atraviesa la verdad y se muestra crítica con ambas partes. “Es muy fácil identificarse con alguno de los personajes”, asegura el director argentino. La historia nos transporta a la Argentina de finales de los años 70, y nos cuenta uno de los episodios que tanto el gobierno, como los propios comuneros han intentado mantener oculto. No será hasta los años 90, cuando bajo el Gobierno Kisner, haya un especial interés en hacer justicia y crear una memoria histórica colectiva. Así, tanto el libro de Bielsa como el largometraje surgen en un momento que se ha visto favorecido por ese empeño gubernamental de no olvidar, lo que propició que los protagonistas salieran a la luz, “un país sin memoria, no tiene futuro”, añade tajante el cineasta, “si no nos damos la oportunidad de hacer justicia corremos el riesgo de caer en la misma trampa”. 


Asegura que fue el argumento el que lo encontró a él y no viceversa, “fueron los productores quienes me propusieron que leyera la novela, que desde el primer momento me atrapó, me hizo recordar mi primera juventud”, cuenta. En seguida se puso manos a la obra con la adaptación, que gustó mucho a Bielsa. “Me reuní con Rafael en muchas ocasiones para conocer cuál era su enfoque, quería conocer su alma”, “y lo logré”, añade. “La historia ya no es mía, ahora es tuya”, fueron las palabras que le dijo el escritor en su último encuentro. También pudo hablar con Jaime Drín, último superviviente al cautiverio en la Quinta de Funes, lo que le dio una dimensión mayor al relato. Con la bendición de Rafael, el testimonio de Drín y el buen hacer del argentino el resultado no podía haberse ajustado a la realidad. De hecho el propio Bielsa le confesó que una de las escenas de la película que el describe en su libro se la había imaginado exactamente así. 

No es nada fácil rodar una película y menos aún cuando se trata de un hecho real y de la memoria histórica de todo un pueblo. De hecho, el largometraje, ha sido financiado en parte por el Instituto Nacional de Cinematografía Argentino y, en parte, por productores privados; muchos de ellos montoneros que se sentían con la obligación histórica de hacerlo. Los escenarios son reales, pero no los auténticos, “se trata de recreaciones fidedignas”, asegura. Curiosamente a lo que pueda parecer, en una película con tantos detalles y tanta violencia, fueron las escenas con el bebé, las más difíciles de grabar. Ante los ojos de este pequeño actor (hijo de uno de sus mejores amigos), al que todavía le cuesta diferenciar entre realidad y ficción aparecía un infierno, y la crueldad del ser humano, “Intentábamos grabar en una sola toma para evitarle lo más posible el sufrimiento”, explica. Un infierno que vivió el verdadero Kinki, entregado a sus abuelos maternos, cuando mataron a su madre. Una suerte diferente corrieron los otros dos, los mellizos que se encontraban en el vientre de Raquel: uno, supuestamente murió poco después del parto, y la otra desapareció, siendo recuperada en el 2008 gracias a las Abuelas de la Plaza de Mayor como la nieta número 96.  Aunque es la primera vez que Bechini realiza un largometraje, ya es un veterano en eso de contar historias reales, sus preferidas, en series de televisión, “requieren un mayor compromiso, y un mayor cuidado ya que estás hablando de personas, estás mostrando sus almas y eso merece un mayor rigor”, comenta. 


Es imposible no hacer una analogía entre este periodo en Argentina y lo acaecido en España durante el Franquismo. Personas, muchas, desaparecieron de sus casas sin dar indicaciones. Muchas acababan, en el caso español, en fosas comunes, pero sobre eso aún no se puede hablar. Argentina está intentando redimir su historia, haciendo justicia y, aunque duela, reabriendo heridas, que no van a poder cerrarse hasta que no se haga justicia o aparezca el último nieto. En el caso español, Bechini asegura que “España tiene una duda pendiente con los españoles, que merecen justicia y la reconstrucción de la historia. Los muertos merecen descansar en paz y la única manera es hacer justicia”.

TRAILER:

#FICX53: Psiconautas: los niños olvidados

Psiconautas, un café en Toma3 con los niños olvidados. 


En el marco de Festival Internacional de Cine de Gijón, además de ruedas de prensa o entrevistas, se organizan cafés con los diferentes profesionales que acuden a presentar su trabajo. Sí, sí cafés…la cita se desarrolla en Toma 3, un local muy coqueto en el que se combina la lectura con el buen café. A esta binomio casi perfecto, se une el cine durante el festival. 
Así atraída por esta idea de Café con… acudí al encuentro para escuchar a Alberto Vázquez y Pedro Rivero, creadores de la película de animación Psiconautas: los niños olvidados. Había concertado una cita para una entrevista un poco más tarde pero quería verles en acción antes de mi cita particular. El ambiente no podía ser mejor, los internados en cine se agolpaban en las primeras mesas, los periodistas andaban de acá para allá para sacar los mejores planos, mientras que los habituales del local, tomaban tranquilamente café en los sofás del fondo. 
Para empezar el encuentro una breve presentación en la que se habló no solamente del largometraje que se estrenaría esa misma noche, sino de la trayectoria de ambos, y es que Alberto había ideado estos personajes mucho antes de pensar en hacer una película. Dibujante por pasión y vocación, ha siempre diseñado aquello que tenía dentro: “Uno no elige si hacer animación para niños o para adultos, simplemente crea”, reconoce el gallego. De hecho, fue Rivero quien se puso en contacto con él, al conocer su última obra gráfica: Psiconautas. “Era una especie de fábula, con personajes de apariencia amable, que suscitan mucha empatía y a la vez refleja una realidad dramática muy sensible y aguda”, cuenta Pedro las razones que lo llevaron a escribir un email a Alberto. Por su parte, Pedro lleva más de 27 años dedicado a la animación, en este tiempo ha hecho guiones y también algún que otro cómic, siendo su obra más reconocida, La Crisis carnívora, primera película de animación totalmente hecha con Flash realizada en España con distribución en cines. 


Pero Psiconautas es su primer largometraje en común y lo definen como una “fantasía negra realista”. Y no podían haber sido más certeros. Los personajes son animales antropomórficos, como en las fábulas, pero las temáticas que se tocan son más profundas y apocalípticas. En el largo, el mundo es un vertedero en el que proliferan la rabia, la envidia o la violencia más atroz y hay quien quiere escapar de allí, sin saber que no se puede huir de uno mismo. También son temas centrales la desindustrialización, la contaminación o el consumo de estupefacientes, sobre todo la heroína. Es una obra compleja, que difícilmente deja indiferente. 
No es la primera vez que trabajan juntos, ya que, antes del largometraje, realizaron un corto “Birdboy”, ganador de un Goya en el 2012. Reconocen que el premio les dio el empujón que necesitaban para seguir adelante, y les ha dado algunas facilidades a la hora de conseguir un presupuesto mayor. 
El proceso creativo aseguran que fue algo natural, sin roces. La buena sintonía entre los dos se ve fuera del estudio y se percibe durante la proyección de la película. Se ha mantenido la estética del cómic, al menos desde fuera, “el cómic es en blanco y negro, mucho más poético; mientras que la película, ya a color, intenta ser de denuncia social”, comenta Alberto las diferencias entre las homónimas obras. En ningún momento tuvieron que adaptar la obra para conseguir financiación, sabían lo que querían y desde el primer momento se lo dejaron muy claro a los productores. "Hacer una película no es igual que hacer un corto”, aseguran. En el primer caso hay mucha más competencia y los procesos son mucho más largos, mientras que para cortos hay más posibilidades de participar en festivales y el proyecto lleva mucho menos tiempo, puesto que se trata de un producto con una difusión mucho menor se da la opción de ser mucho más creativos, o incluso transgresores. 


Embarcados ya en nuevos proyectos, siguen disfrutando sobre la estela de Psiconautas, una obra que, sin duda, les hará cosechar mucho éxitos. Por el momento ya tienen en su haber un premio Lurra, otorgado en el Festival de cine de San Sebastían por Greenpeace. Lo que les depare el futuro está por ver, pero les seguiremos muy de cerca. 


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Durante el fin de os iré contando a través de las entrevistas que he realizado en FICXixón, mi experiencia en el Festival. ¡Espero que os resulto interesante!